domingo, 1 de febrero de 2015

¿SE PARECEN O SE PARECERÁN?

-Sobre la muestra “Alfonso VIII y Leonor de Plantagenet”, organizada por el Ayuntamiento de Cuenca y el IDEC y comisariada por Emilio Morales en el Museo Casa Palacio de Cuenca-. Tribuna de Cuenca, 29 / 01 / 2015 


Assad Kassad

        
Amarillo intenso es el reflejo de la luz que cruza el cristal que da a la hoz del Huecar creando un fuerte contraluz con sombras acusadas: negras, como el pigmento del lienzo que, como un collage, muestra restos de coronas adheridas en distintas posiciones, como el de una tradición que, una y otra vez, ha vuelto la mirada sobre sí misma y su propio ser: la del arte español.
No es que en la tradición de la pintura española no haya habido luz -he ahí los lumínicos (que no impresionistas) cuadros de Joaquín Sorolla-, por ejemplo, pero desde que a principios del siglo XX Julián de Juderías escribiera La leyenda negra y Darío de Regoyos -seguido por José Gutiérrez Solana- La España Negra, con todas las resonancias que estas incluyen, el color que se ha venido identificando con la tradición del arte español -o al menos por parte de unos cuantos historiadores- ha sido el negro.


Miguel Angel Mosset

Lo veíamos en la etiqueta impuesta por Felipe II en el siglo XVI, en las Pinturas Negras de Goya en el XIX, en los sombríos cuadros de Zuloaga y de Solana en el XX, en los expresivos cuadros de Saura y de Tapies y en las arpilleras de Millares…, y lo vemos en el “collage” realizado en el  XXI por un artista -en este caso no español (Assab Kassad)- para tratar -acertadamente- un tema español: el de la muerte de los reyes Alfonso VIII y Leonor de Plantagenet, en la muestra que sobre ellos versa en el Museo Casa Palacio de Cuenca y está a punto de clausurarse.
En él la materia -en la que se ven las huellas y ¿arañazos? del hombre bajo el ataúd de la muerte- sobresale, para configurar un cuadro informe donde la única figuración es la que aportan las coronas doradas -lo único que ha sobrevivido a la muerte- ¿de chapa?, ¿de cartón?, ¿de plástico? No importa de qué material sean, lo importante es que con tan solo materia y color y recurriendo a la técnica del collage -también inventada por un artista español (Picasso) junto a Braque-, el artista ha sabido tratar un tema español con los recursos que han definido el ser de un arte que antes que cualquier otra cosa se ha preguntado una y otra vez por sí mismo, por su propio ser e identidad: el español -principalmente- del siglo XX.


José Manuel Velasco

No es solo en esta obra donde la tradición española se exhibe a lo largo de la muestra en cuestión, sino también en otras de autores como, por ejemplo, el conquense Óscar Lagunas, ante las que es inevitable no recordar la pintura del mismo Antonio Saura -un integrante del grupo informalista “El Paso”- que de Cuenca hizo su hogar en sus estancias frente “al señor de la casa de enfrente”-; de Emilio Morales -el maravilloso comisario de la muestra-, de Carlos Codes, quien sobre una superficie amarilla restriega manchas y garabatos informes de color negro; e incluso de Remy que, pese a recurrir a la figuración, no renuncia del todo a la abstracción y reduce la paleta a dos colores, enmarcando la representación ecuestre del rey Alfonso VIII sobre un fondo negro.
No es la abstracción la protagonista de la muestra -pese a que en la misma existan magníficos ejemplares de la misma como, por ejemplo y además de los que ya hemos citado, la obra de José Manuel Velasco (que parece evocar el mismo Expresionismo Abstracto americano de Jackson Pollock) o aquella otra de Arturo Pérez que, salvando las distancias, recuerda al famoso Cocktail Party de Antonio Saura-, y tampoco la escultura, donde por cierto, destaca la majestuosa figura del monarca magistralmente realizada en hierro por José Luís Martínez. Y digo magistralmente porque es magistral lo que suscita su barroca indumentaria, el ondeo de su cabello y su barba, la corpulencia de una figura compuesta con un material y técnica que, de nuevo, aluden a una tradición genuinamente española: la del hierro forjado y que a la vez que los pintores informalistas, también escultores como Martín Chirino (quien, por cierto, también pasó por Cuenca), Chillida, Oteiza o Serrano retomaron siguiendo a maestros como Picasso, Julio González y Pablo Gargallo en los años cincuenta del pasado siglo.
Destacaría además a colación de lo anterior las gráciles y sintéticas “cabezas” regias de Diego Canogar que, frente a los cristales de las ventanas que dan a la hoz, se convierten en una especie de “marcos” del paisaje donde figura y espacio se funden; otra escultura de acero también de potentísima y acertada expresión de Miguel Ángel Rivas; la estatua ecuestre -esta vez de factura clásica- en bronce de Javier Barrio…, pero también por ello obras que se desprenden de la tradición aludida para centrarse igualmente en los protagonistas de la muestra: los monarcas Alfonso VIII y Leonor de Plantagenet.


Belén Carretero

Ejemplo de ello son la original obra en barro de Tomás Bux, fiel a su estilo abigarrado, exuberante y en el que el horror vacui parece estar presente para que no quede en el olvido ningún elemento de interés -todo es importante-; las irónicas, sintéticas e infantiloides -en el buen sentido de la palabra- figuras de los reyes recortadas sobre madera y donde el negro -una vez más- vuelve a estar presente de forma activa; la narrativa pintura de Víctor de la Vega donde la majestuosidad del rey queda patente; la obra de Ana I. Martínez, donde a los reyes les dan vida dos figuras de aire mecanizado envueltas por un entorno onírico que no ayuda a que se deposite confianza en ellos; el cuadro de un autor donde parece traerse a colación la tradición bizantina de los iconos sagrados; o la obra de José García, donde sobre un fondo de arquitectura gótica inspirada en la Catedral de Cuenca, un caballito infantil -muy lejos del que aparece en la estatua ecuestre de bronce-  alude a la figura de los reyes.
Destacaría también la figura de la reina en la pintura de Concha Márquez, plana y muy sintética, como lo sería si hubiera sido realizada en la misma Edad Media; la de Belén Carretero, cuyo rostro y mirada fija parecen extraídos de los propios retratos romanos de Al Fayum; la obra de Migue Ángel Moset, donde al rey y su caballo los envuelve un ambiente extraño y por qué no, repulsivo, donde el rojo de la sangre parece enturbiar todo lo que los envuelve; la de Julián Pacheco, donde Alfonso VIII adopta la silueta de un rey de estado moderno en su despacho vestido de forma actual, pese a que parezca deformarse poco a poco… Y todo ello, sin olvidar obras como las de Antonio Villatoro, donde las cabezas de los reyes se abstraen hasta recordar a las máscaras primitivas -tan insistentemente recuperadas y aludidas por los artistas del siglo XX-, y José Miguel Fernández Vela, donde sucede algo parecido; de Francisca Casas, Julián Palomares, Arturo García, Vicente Marín, Fernando Pellisa, Mari Carmen Ayllón, Ruth García, Óscar Pinar, Jesús Ocaña u otras de técnicas diferentes como las de Miguel Romero, Julián Recuenco, David Ciulebras, Luis Castillo o Juan Manuel Cervera -entre otras-.


Concha Marquez

No he de terminar este recorrido por las obras que integran la exposición con la que culminan los actos que han conmemorado el 8º Centenario de las muertes de Alfonso VIII Y Leonor de Plantagenet sin hablar de una obra cuya autoría es de Paco Clavel pues, de igual forma que aquella con la que arrancábamos, no elige la figura de los monarcas para aludir a ellos, sino un atributo -en este caso un escudo de metal- que, igual que las coronas de Asaab Kassad, se convierte en un símbolo.


Víctor de la Vega

Y es que, contrastadas con el resto de obras, ambas dan idea ya no solo de cómo el retrato es algo subjetivo, sino de cómo este puede existir incluso en obras donde los retratados están físicamente ausentes, y hacen reflexionar sobre aquellas donde verdaderamente encontramos “retratos” y aquellas donde hallamos “tipos”, sobre cómo hay ocasiones en que una obra cuya pretensión era la de convertirse en un “retrato”, no es más que un “tipo”, y otras, en que una que quizá podría albergar las características de un “tipo”, se convierte en un retrato “colectivo”.
Cuando Picasso retrató  a Gertrude Stein y le dijeron que su retrato no se parecía nada a la modelo, contestó: “No se parece, pero se parecerá”: hoy no podemos preguntar a quienes conocieron a los reyes si se parecen o no en estos retratos, pero, teniendo en cuenta que el retrato no está hecho de rasgos fisionómicos sino también psicológicos, simbólicos, biográficos…, ante semejante afirmación quizá podríamos afirmar en algún caso lo mismo, dado que en base al estudio e investigación en el marco de conmemoraciones como esta es donde se va dando a conocer y, por ende, configurando, el retrato de los personajes que han determinado el devenir y han escrito nuestra HISTORIA.


MARÍA FRAILE YUNTA

domingo, 7 de diciembre de 2014

EXPOSICIÓN HOMENAJE A ALFONSO VIII Y LEONOR DE PLANTAGENET






HOMENAJE A ALFONSO VIII Y LEONOR DE PLANTAGENET

EXPOSICIÓN DEDICADA AL BUEN REY ALFONSO Y LA REINA LEONOR, FUNDADORES DE LA CIUDAD DE CUENCA.

EL AYUNTAMIENTO DE CUENCA, LA CASA PALACIO, EL IDEC, LA UNED de Cuenca, UCLM, HAN CONSEGUIDO REUNIR A LOS MEJORES ARTISTAS DE HOY PARA LA CULMINACIÓN DE UN AÑO DE CELEBRACIONES ALFONSÍES EN EL 8º CENTENARIO DE LA MUERTE DEL REY. 

PRESIDIRÁ EL ACTO EL EXCMO. ALCALDE DE CUENCA, 
D. JUAN MANUEL ÁVILA FRÁNCÉS. 

Sera el Miércoles día 10 de Diciembre del año 2014 a las 19,30 en el Museo Casa Palacio, C/ Severo Catalina 11 (antigua Calle Pilares)




lunes, 10 de noviembre de 2014

Don Fernando, el infante conquense


El hijo de Doña Leonor de Plantagenet 


nacido en Cuenca hace 825 años

José María Rodríguez González. Profesor e investigador histórico

El 29 de noviembre de 1189 nacía en Cuenca el Infante Don Fernando, hijo del Rey Alfonso VIII y Doña Leonor de Plantagenet.

Los padres de la reina fueron, la gran Leonor de Aquitania, por derecho propio duquesa de Aquitania y Guyena y condesa de Gascuña y reina consorte de Francia (1137-1152) y reina consorte de Inglaterra (1154-1189) y su padre Enrique II Plantagenet, Rey de Inglaterra, Duque de Normandía y Aquitania y Conde de Anjou. Emplearon a la joven Leonor de Plantagenet como pieza de ajedrez casándola con nuestro joven rey D. Alfonso VIII. Ella tenía 10 años y él 15. La mayoría de edad se tenía a los 14 años. Su matrimonio sirvió para reforzar nuestras fronteras con Francia.

Doña Leonor tuvo a lo largo de su vida diez hijos. Don Fernando  nació en Cuenca, fue el sexto, pues antes nacieron: Berenguela (1179-1246), Sancho (abril 1181 - julio 1181), Sancha (1182 -1184), Urraca (1186-1220), Blanca (1188-1252) y Don Fernando que nació el 29 de noviembre de 1189 y murió en Madrid el 14 de octubre de 1211, heredero de la Corona de Castilla. Y después nacieron: Mafalda de Castilla (1191-1204), Leonor (1190-1244), Constanza de Castilla (1195-1243) y Enrique (1204-1217) que sucedió a su padre, Alfonso VIII, con el nombre de Enrique I.

El nacimiento de Don Fernando vino a coincidir con la terminación de la guerra que sostenía Castilla con el reino de León, cuyo monarca pidió la paz ese mismo año, siendo una de la cláusulas de capitulación el matrimonio con la infanta Doña Berenguela, hija mayor de Alfonso VIII.


Escena de Alumbramiento según la Biblia Maciejowski (folio 19, hacia 1240).
Como la codicia no tiene límite, diré que Doña Berenguela había sido prometida con capítulos matrimoniales y firmados al hijo de Federico I, Emperador de Alemania, el apuesto Conrado Barbarroja; pero al nacer Don Fernando, que heredaba el trono de su padre se deshizo el acuerdo. De no haber sido varón el nacido, el trono lo hubiera heredado su hermana y Conrado hubiera sido rey consorte.

Es de suponer, que la ciudad de Cuenca celebraría el acontecimiento.  Aun cuando nada dicen las crónicas, que hasta ahora se conocen, de la fiesta con que se celebraron tales acontecimientos, es indudable que las hubo. Como eran tiempos de continuas batallas y con ello también eran aficionados a la buena y abundante mesa, es de suponer que aprovecharían el acontecimiento para aumentar el condumio de los varios yantares diarios, el almuerzo a la hora tercia, luego la merienda y después la comida del anochecer que tiempos más tarde la llamarían cena. Las mesas abundaría la carne de caza, entre platos de huevos, cuajadas y dulces irían los yantares que con sólo el cuchillo y la cuchara tomarían de las bandejas, al ser el tenedor mucho más moderno, aunque la gente bien, cumpliera los preceptos que luego había de ordenar Alfonso X para ser enseñada a los príncipes: “non les deben consentir que tomen el bocado con todos los cinco dedos de la mano, para que non les fagan grandes”.

Las actividades que se llevarían a cabo pudieron ser, los caballeros se divertirían bohordando o tirando con arco  y ballesta, sirviendo a la vez de distracción pública, mientras los plebeyos tiraban a la barra, lanzaban piedras o jugaban a los bolos y quién sabe si ya conocerían las vaquillas enmaromadas, que siempre fueron los conquenses aficionados a los toros y en el patio del Alcázar los disfrutaran.

¿Don Fernando se crió en Cuenca? No hay crónica que diga lo contrario, por lo que es de suponer que pasó su niñez en esta misma ciudad. Don Fernando alimentó las esperanzas de sus padres y de los súbditos con su valentía y buen carácter. Sin embargo, murió en 1211, con tan sólo veintidós años, tras una expedición  contra los musulmanes por Montánchez y Trujillo.

 ¿Se sabe algo más de Don Fernando? Si, al comienzo del siglo XIII el único enemigo que le quedaba a Alfonso VIII era los almohades. Había sufrido una derrota en Alarcos y es de suponer que tuviera sed de resarcimiento. La lucha contra musulmanes era una fuente de prestigio al estar apoyada por el Papa. Alfonso VIII decide no renovar la tregua con los Almohades en 1210 y prepararse para la confrontación. El infante Don Fernando, hijo de Alfonso VIII, era uno de los mayores partidarios de no renovar la tregua y escribió al Papa Inocencio III en 1210 explicándole sus deseos. El Papa responde en  diciembre de ese mismo año exhortando a los obispos hispanos a que predicaran desde los púlpitos la guerra y otorgaran a los participantes en la lucha los mismos derechos que a los cruzados, concediendo todo tipo de indulgencias y en marzo de 1211, el Papa amenaza de excomunión, por medio de una bula, a quien se atreva a atacar a otro reino cristiano inmerso en esta cruzada, finalizando los conflictos fronterizos que dividían a los reinos cristianos. Como se ve Don Fernando era un joven valiente que acompañaba a su padre en las batallas que se celebraron durante su existencia. En 1211 a su regreso murió en Madrid de fiebres. 

Las esperanzas que se pusieron en la persona de Don Fernando se fueron al traste, ocasionando un profundo dolor con su pérdida. A su muerte el trovador Guiraut de Calanson señala que Don Fernando era “agradable en toda acción” y “amable” en el aprecio tanto de la dama como del caudillo, como demuestra el planh (1*) de Guiraut de Calanson, las affabilitas (las virtudes) está bien documentada en la poesía trovadoresca de la corte de Alfonso VIII.



Escena cortesana, con trovador incluido,  según la Biblia Maciejowski (folio 26, hacia 1240).

Decían de Don Fernando: “Si Dios hubiera placido amar tanto a este mundo, debiera haber sido caudillo e guía, Fernando, el hermoso, el bueno, el agradable en toda acción, el liberal, el franco, el valiente y el amable, con el que parecía que fuesen compensadlos el Joven Rey, Ricardo el famoso y el conde Jaufré, los tres valiente hermanos, a quienes se parecía en cuerpo y facciones, y en magnanimidad y en ser padre de todos los bienes, que ahora es dolor de valentía y de generosidad”.  Como ves el planh (1*) destaca primero  la belleza del infante y luego afirma su parecido físico con sus tres tíos: Guillermo de Inglaterra, el famoso Ricardo Corazón de León y el conde Godofredo de Bretaña, cuya agradable presencia física se suponía.



Cuenca, noviembre de 2014



Fuentes:
-          (1*) Planh: Obra lírica.
-          “Leonor de Plantagenet y la consolidación castellana en el reino de Alfonso VIII”. José Manuel (2012).
-          Poesía juglaresca y juglares. Orígenes de las literaturas románicas. 1942. Madrid. Austral 1991.
-          “Curia y cortes en el reino de Castilla”. Las cortes de Castilla y León en la Edad Media. Vol.1 Valladolid: Cortes de Castilla y León, 1988.
-          Los trovadores en España. 1861. Barcelona CSIC, 1966

-          La Literatura en la corte de Alfonso VIII de Castilla. Antonio Sánchez Jiménez.

miércoles, 23 de julio de 2014

LA FORJA DE UN REY.




Michel Muñoz García 


Huérfano de padre y madre a una edad muy temprana, Alfonso VIII no conoció el calor de la familia y tuvo que crecer y formarse al calor una serie de tutores vinculados a la familia de los Castro y los Lara. Los primeros dominaban Castilla la Vieja con las tenencias de Burgos, Catrojeriz y Carrión, los segundos dominaban la Extremadura y el Reino de Toledo, además de Asturias.

Con apenas tres años, el Rey niño  fue encomendado por un moribundo rey Sancho III a quien también había sido su ayo: D. Gutierre Fernández de Castro, lo que equivalía a ostentar la regencia de Castilla. Sin embargo, la familia rival con D. Manrique Pérez de Lara, a la cabeza, no tardaron en manifestar su disconformidad. En principio, hubo una acuerdo y D. Gutierre entrego a la rey niño, a cambio de que se reconociera como superior y que en cualquier momento pudiera retornar la custodia a sus manos, sí así lo solicitaba.


En 1164, Alfonso VIII niño y D. Manrique Pérez de Lara atacó Huete, D. Fernando Pérez de Castro le plantó batalla, muriendo en la contienda el primero.


La fricción no se hizo esperar y los Castro buscaron el apoyo de Fernando II de León, tío del rey castellano, que no dudo en pasear sus huestes por el vecino reino siempre que fuera necesario. De hecho, D. Fernándo Rodríguez de Castro fue el mayordormo del monarca leonés. En julio de 1163, Fernando tenía la intención de que Alfonso le jurase vasallaje en Soria. Cuenta el Roddrigo Jiménez de Rada que entonces el niño rompió a llorar asustado, por lo cual fue retirado a una casa cercana. Ello fue aprovechado por el caballero Pedro Nuñez de Fuentemergil para llevárselo al castillo de San Esteban de Gormaz.



Puerta de Arrancacepas de Atienza.

Los Lara y los leoneses salieron en su persecución, adelantándose D. Nuño Pérez de Lara que recogió al Rey Alfonso y lo puso al cuidado de las gentes de Atienza y después a las de Ávila. D. Nuño se convertiría en cabeza de familia a la muerte de D. Manrique y tutor real. Durante cinco años sabría ganarse la confianza y afecto del monarca, pues le mantendría como uno de los principales de su gobierno hasta su muerte. Consiguió arrebatar la ciudad de Toledo a D. Fernando Rodrigo de Castro, para después caer prisionero y ser encerrado en Zorita. Sin embargo, Alfonso ya teía carácter de rey: no consintió el cautiverio de su ayo,  puso sitio a la plaza y consiguió la liberación de D. Nuño.


Murallas de Ávila según una postal de principios del S. XX. 


Tenía trece años y se había ganado ser coronado entre el 8 y el 11 de noviembre de 1169 al cumplir los 14 años, tal y como establecía el testamento de Sancho III. La ceremonia tuvo lugar en la iglesia de San Zoilo de Carrión de los Condes. Esta consistía en tomar las armas del altar y ceñirse el mismo la espada. El 11 de noviembre sería proclamado en Burgos. 

viernes, 18 de julio de 2014

EL NACIMIENTO DE UN NUEVO REINO DE CASTILLA


Michel Muñoz García 

Con la muerte de Alfonso I el Batallador de Aragón en 1134 se ponía fin a la ocupación del Reino de León. Fue cuando su monarca asumió la dignidad imperial que había intitulado a su abuelo el Alfonso VI y al propio Rey aragonés. La historia lo conocería como Alfonso VII y se denominaría Emperador de España. A  su coronación de 1135 acudieron García Ramírez de Navarra, el reyezuelo musulmán Zafadola, el conde de Barcelona de Ramón Berenguer IV y el conde Alfonso de Tolosa entre otros. Todos ellos rindieron vasallaje y en 1137 haría lo mismo Ramiro II de Aragón. 


Privilegium Imperatoris, documento de donación de un monasterio al abad Willelmus donde aparece a la derecha Alfonso VII el Emperador, escoltado por el mayordomo Ponce Giraldo de Cabrera, el abad Willelmus en el centro y los reyes Sancho y Fernando a la izquierda (The Hispanic Society of America, New York, B.16)


De este modo, la Chronica Adefonsis Imperatoris  afirmaba que los dominios de Alfonso Raimundez o Alfonso VII abarcaban desde el Océano, que está junto al Patrono Santiago,  hasta el río Rodano. Sin embargo, su autoridad era puramente nominal, sin poderes definidos y sin apenas capacidad de acción más allá de la negociación política.

Alfonso VII, Rey de Castilla y León según Jose María Rodriguez de Losada (1826-1896), Ayuntamiento de León.


Posiblemente esto hizo que el rey Alfonso VII que tanto se esforzó por la unión de las Españas reconociera de facto su fracaso al decidir la división de sus dominios reales en dos reinos. El primero y más pujante correspondería al infante Sancho nacido en 1133, mientras que León correspondería a Fernando que vino al mundo en 1137. La decisión de la partición sería tomada como muy pronto en 1148 y con seguridad  también se debió a los consejos interesados de D. Manrique de Lara y del tutor del futuro de Fernando II, D Fernando Pérez de Traba, Conde Galicia. A partir de este último año, los dos infantes constan como corregentes con el Emperador, siendo Sancho, Rey de Najera y Fernando rey de Galicia.

Corría el año 1155 y en una noche de viernes 11 de noviembre, día de San Martín, nació en Soria el hijo del todavía Rey de Nájera Sancho, que la historia conocería como Alfonso VIII. Su madre era Doña Blanca, hija del Rey de Navarra García Ramirez; poco después moriría de sobreparto. Por sus venas corría la sangre de Rodrigo Díaz, ya que era tataranieto del célebre Cid Campeador por parte de la casa navarra.

Dos años después, en 1157, moría Alfonso VII el Emperador a los pies de una encina cuando cruzaba el Puerto del Muradal. Su hijo Sancho III, ya rey de Castilla, procedió a dirigir las exequias y enterrarlo en la Catedral de Toledo ¿pero que Castilla era esta?.

Aunque buscó su legitimación en el pasado de los Condes de Castilla Fernán González y Sancho García, el nuevo reino era muy diferente a las tierras que ambos gobernaron, y que constituyeron el germen del reino de Fernando I y su hijo Sancho II en el S. XI. No obstante, la brevedad de sus mandatos sobre estas fronteras impidió la constitución de un organigrama político fuerte. El nuevo reino que ahora nacía tenía una extensión mucho mayor pues abarcaba el territorio castellano y el Reino Toledo, frente al nuevo reino de León, que abarcaba las tierras leonesas, el Reino de Galicia, Toro y Zamora.

Las fronteras castellanas abarcaban hasta los alfoces de Segovia y Ávila siendo la frontera en la antigua Via de la Plata o Calzada Quinea, para subir por la Tierra de Campos hasta Sahagun y Santillana del Mar en Asturias. Se incluía también toda la Rioja y parte del País Vasco. La línea fronteriza con el Islam desde Huete a Béjar hará que Castilla lleve el mayor peso en el proceso de Reconquista. 


Los Reinos de Castilla y León a la muerte de Alfonso VII el Emperador en 1157. A.A.V.V. (2012) Castros y Recintos Fortificados en las Fronteras de León en los S. XII y XIII. Junta de Castilla y León. 












domingo, 13 de julio de 2014




Exposición:

ALFONSO Y LEONOR:

El Reino, La Ciudad y La Vida. 


Inauguración: Lunes día 14 de Julio de 2014 a las 12 H. 

Excmo Alcalde la Ciudad de Cuenca, D. Juan Ávila Francés.

Teatro Auditorio de Cuenca, planta baja.





Organizan: Ayuntamiento de Cuenca, Teatro Auditorio de Cuenca, 
IDEC, Grupo de Recreación Conca y Fundación Globalcaja.

martes, 1 de julio de 2014





Tras la huella de Alfonso VIII en el octavo centenario de su muerte.
La Batalla de Huete de 1164


José María Rodriguez González



El 9 de julio hará 850 años de la Batalla de Huete entre los bandos de Los Castro y Los Lara. ¿Cómo fue esto?



Biblia de Maciejowski (hacia 1250). Miniatura, Folio 10, Los Israelistas son rechazados en Ai. 


Alfonso VIII nace en Soria en 1155, primer y único hijo del rey Sancho III de Castilla “el Deseado” y doña Blanca de Navarra, que falleció en el parto. En 1157 fallece su abuelo, el rey Alfonso VII dividiendo su reino entre sus hijos, Castilla para Sancho III y León para Fernando II. El 31 de agosto de 1158 fallece su padre, siendo declarado heredero al  trono. En ese momento Alfonso VIII contaba con 3 años de edad. Antes de morir Sancho III nombra como Custodio del Rey a D. Gutiérrez Fernández de Castro que había sido su ”ayo” y como Regente  a D. Manrique de Lara.

Los Lara no aceptan que la custodia de Alfonso VIII recaiga sobre Los Castro, maniobrando astutamente consiguen que  Gutiérrez Fernández de Castro les entregue al pequeño Rey, con la promesa de devolverlo en cuanto así lo requiera pero Los Lara no lo devuelven, comenzando un período de guerra civil entre ambas familias, multiplicándose los conflictos a lo largo de todo el territorio castellano.

Al hacerse cargo D. Manrique de Lara de la regencia, inician la persecución de los sobrinos de D. Gutiérrez, a los que quiso privar de todos los honores y de las tenencias de villas y ciudades. Como medio de defensa estas posesiones se pusieron en manos del rey de León, tío de Alfonso VIII, que también ambicionaba el trono castellano y por el que se declararon varias ciudades, entre ellas Toledo (1162).


Tanto Huete como Toledo estaba por D. Fernando Ruiz de Castro que obtiene importantes apoyos en el Arzobispado de Toledo. Los Lara juntaron tropas y se dirigieron a Huete con la intención de tomarla, a cuya defensa se dispuso Castro, encontrándose los dos ejércitos en el sitio llamado Los Burrucales entre Garcinarro y Huete, donde pelearon por ambas partes con gran tesón, fortalecidos los Lara con la presencia personal del Rey en su campamento, en el que recibió un mensaje de D. Fernando Ruiz de Castro, rogándole desistiere “de rompimiento y del derramamiento de sangre” que ya “cuando fuere mayor de edad le entregaría las ciudades que por tenencia de su padre tenía”, lo que tomado Los Lara como signo de cobardía, siendo contestado que no levantaría el campo sin prenderle o matarle, con lo que dio comienzo la batalla, durante la cual rompió Lara su lanza contra un escudero de Castro, tomándolo por éste y entonando “el victor”  por lo que hubo de descubrirse Castro y gritar “amigos, yo no soy el muerto” y arremetiendo contra D. Manrique le hirió de muerte de una lanzada. En marzo de 1166 se celebró el Sínodo de Obispos en Segovia, donde se confirmó a Alfonso VIII como futuro Rey de Castilla. Las ciudades castellanas poco a poco comienzan a reconocer a Alfonso como su Rey.