martes, 27 de mayo de 2014




CANOGAR: FRENTE A LA NATURALEZA

Maria Fraile Yunta.
Profesora de la UNED, Centro de Cuenca, 
Historiadora del Arte.


“El silencio es la noche de la palabra” (Gaston Bachelard), el intervalo en el cual circula el aire dibujando una forma libre donde aflora la semilla de la memoria, el tiempo que asiste a la metamorfosis que se resiste a desprender la flor de la raíz, pues la Traza es de la sangre dejada en el ruedo mezclada con la sombra del gran cabrito al centellear sus ojos de furia incontrolada.

Para cruzar el Pórtico ha de atravesarse el Cigarral e instalarse en la línea del Horizonte donde contemplar la arquitectura invisible que sustenta el gesto innato al que lleva la expresión de un subconsciente trufado de intensidad...: “La modernidad no es la novedad, pues para ser realmente moderno hay que regresar al comienzo del comienzo (…)” (Octavio Paz).

¿Y cuál es el comienzo? “En la esencia de nuestra pintura informalista estaba la intensidad de Goya, la pincelada de Velázquez (…)” Y además, “éramos un grupo de acción”… (Rafael Canogar), pues el silencio es la noche de la palabra que cede el paso a la acción pese a que ya no haya acción en el campo de batalla del color, donde el ritmo ya no es el de un paso colectivo con afán de subversión.

La materia está viva y en ella se desata la furia creativa que conduce a la exploración de los sentidos, de la emoción que produce en la conciencia bipolar el color liberado de la cualidad descriptiva y henchido de nada más que de la luz que refleja el pigmento sobre el Paisaje que divaga entre la acción inconsciente y automática y la armonía implícita en la naturaleza.





Mondrian en el Altar junto a Rotko, en Horizonte junto al monstruo, en Pompa junto a la corriente que arrastra el tronco del Paisaje multicolor donde las algas se mezclan con el cieno que chorrea la pócima del aquelarre donde la alquimia se debate entre la razón y la expresión, la locura y la cordura.

“Canogar ha absorbido la aportación de Pollock, Still, Rotko a la manera española, es decir, creando una pintura llena de resonancias a la naturaleza que es revelada a través de una austera y jugosa dicción pictórica” (Manuel Conde) poblada de horizontales y verticales que dotan a la expresión de una armonía enfrentada a aquel color que tiñe una superficie plana sin referente empírico que asimilar y -por ende- responsable de la existencia de una emoción pura.

“El silencio es la noche de la palabra” (G. Bachelard), el intervalo en el cual circula el aire dibujando una forma libre donde aflora la semilla de la memoria, pero también el Estadio en el que enmudecer frente al Altar ante el cual la emoción divaga  entre la acción incontrolada y trascendida por la Fisura inherente a la mente postrada frente a la naturaleza sublime.

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