MUDEJARISMO Y PRIMEROS MUDÉJARES.
Michel Muñoz García,
Arqueólogo Especialista
en Restauración Arquitectónica.

En realidad, los musulmanes sometidos fueron conocidos simplemente como mauri (moros), ya que la denominación mudéjar en realidad se empleo más durante las centurias de 1400 y 1500. A ello sumamos la también frecuente expresión de mauri pacis (moros de paz), que los distinguía de los enemigos que se resguardaban tras las fronteras del reino de Granada; o también mauri regis (moros del rey), pues al igual que los judíos, estaban directamente bajo la protección del rey. A cambio de la misma, se les gravaba con tasas especiales.
El éxito del sustantivo mudéjar, en historiografía, tiene más connotaciones artísticas que sociales, y se lo debemos a la obra del arqueólogo, historiador, lingüista y literato, José Amador de los Ríos. En 1859 ingresó en la Real Academia de San Fernando con un discurso titulado “El Estilo Mudéjar en Arquitectura”, y tal definición fue polémica desde su nacimiento. Celebrada por Menéndez Pelayo, era según este intelectual, el único tipo de construcción peculiarmente español del que podemos envanecernos. Pero otros vieron en esta originalidad un sinónimo del casticismo español, que provocó el atraso que históricamente nos ha apartó del progreso de las principales naciones europeas. Tampoco se han ausentado, los prejuicios científicos de buena parte de la historia del arte, que identifica la arquitectura por lo estructural, y relega lo ornamental a un papel secundario. Según estos parámetros, estaríamos únicamente ante variables decorativas del arte cristiano que se refieren como románico-mudéjar y gótico-mudéjar. Afortunadamente, Borras Gualis dejó bien sentenciado su carácter, cuando llamó la atención afirmando lúcidamente, que lo decorativo también puede ser un elemento definitorio de estilo.
En parte por esto también se acuño la definición de mudejarismo, palabra que utilizó el Marques de Lozoya para referirse a las influencias islámicas y mudéjares que se desarrollan sobre el arte europeo de la península ibérica durante la plena y baja edad media. Estas abarcaban en principio a las bellas artes, sin embargo,. la expresión es frecuente leerla en publicaciones que tratan la cerámica, mobiliario o telas, y lógicamente podemos extrapolarlas a otros aspectos culturales. No solamente hablaríamos de alfombras y cortinajes con los que adornar los interiores, pues el viajero alemán Gabriel de Telzet se sorprendío cuando vio que el rey Enrique IV de Castilla vestía como un moro al llevar un turbante en la cabeza. Otros testigos que visitan Salamanca en la primera mitad de S. XV también comentan el aspecto “morigetado” que tenían los estudiantes del tercer mayor estudio de la cristiandad.
Añadamos a esto que Alfonso XI y Pedro I el Cruel se levantaron en yeserías y azulejos mudéjares sus palacios en los reales alcázares de Sevilla, posiblemente los más lujosos de Europa durante el S. XIV. Constatemos que clérigos y rabinos preferían también la estética morisca, para buena parte de las sinagogas e iglesias, que se construyeron en Castilla y Aragón durante la baja edad media. Observemos como las técnicas del albañil, con sus encofrados de diversos materiales, levantan las murallas y el caserío urbano de las villas del centro y sur peninsular. Y si además, podemos sospechar que la gastronomía mora también ejerció una notable influencia en la dieta hispana medieval – desgraciadamente la historia de la alimentación es de los aspectos más descuidados por el medievalismo español -, se nos dibuja un paisaje visual dominado por lo islámico o mudéjar que impregna el modo de vida de la sociedad cristiana peninsular.

En el caso de los reinos hispanos, esta admiración era más vieja, pues el lujo de unos emires, califas y reyes de taifas nunca dejó de seducir a las gentes cristianas del norte de la península ibérica. No obstante, debemos esperar a los años finales del S. XIII para comenzar a ver los primeros síntomas de la gran expansión de la construcción y manufacturas mudéjares. Posiblemente la labor cultural de Alfonso X el Sabio y su escuela de traductores, hizo renacer el sentimiento de atracción por lo islámico. artesanos y maestros constructores mudéjares son más bien el vehículo en que se canalizó un sentimiento de admiración por lo oriental, y este fue tan intenso que la técnicas tuvieron que aprenderlas los cristianos para cubrir la demanda que generaba.

No obstante, Los anales toledanos citan en 1104 y en 1192
mejoras en las murallas de la propia ciudad circunvalada por el río Tajo. La
Torre de la Reina reproduce la tradición hispanomusulmana con sillares
reaprovechados en su parte inferior y mampostería encintada en la superior.
Pavón Maldonado estuvo acertado en definirla como mudéjar, aunque no tanto en
su cronología. Los sondeos estratigráficos de la Puerta del Vado vienen a
confirmar que durante finales del S. XI y principios del XII, hubo importantes
reformas que edificaron este acceso, el de la bisagra vieja y torres como la de
Reina. Ello viene a confirmar la mencionada la crónica toledana.
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